A la señora de los perros calientes le compré un par de refrescos de cola (que no me gustan pero tenía mucha sed y es lo único que había) y a las 7:30am estaba levantándome para terminar de visitar la ciudad, hago referencia a los refrescos por que no veo otra razón para levantarme tan temprano después de lo que pasé el día anterior.
El motel tenía un par de computadores que rentaba, con ella recargué mi ipod un poco y le pasé las fotos de mi cámara. Salimos temprano rumbo al barrio de San Marcos, no entramos al templo en ese momento por que ya estaba en servicio, pero lo hicimos más tarde.


Aprovechamos el rato para comer un tamal en hoja de maíz bastante bueno, justo afuera del templo. Y captamos a las ardillas ninjas que intentaban ocultarse en el jardín. Que por cierto era el más cuidado de todos.

Hacia el sur hay una plaza comercial y lugares listos para los turistas, la vista de los edificios es totalmente moderna. Y ahi llegamos hasta una plaza de toros muy cuidada por fuera. Pero antes pasamos a un merendero a desayunar formalmente, la nota fue que los chilaquiles no tenían pollo.
Teníamos que buscar sacar ya la maleta del hotel y regresar por la comida. Así que fuimos al último barrio del itinerario. El barrio del Señor del Encino o Triana. Donde hay como en todos los demás un templo con un jardín. A un costado del templo está el museo dedicado a José Guadalupe Posada, creador de La Catrina. El jardín de Triana no es tan espectacular como el de San Marcos pero tiene unas lindas fuentes que proyectan su mini-arco-iris.


Enfrente del templo hay 3 restaurantes tradicionales de la ciudad, comimos en uno de ellos (aunque ahí lo que sirven es desayunos), de los tres que hay dos sirven comida yucateca y uno parece más normal sin tema, nosotros elegimos uno do comida yucateca (el de en medio de los tres). Excelente comida, para mí un par de tacos de Cochinta Pibil y un tamal de lo mismo, Pablo-san pidió medio plato de chilaquiles (otra vez no hubo pollo).
Ahí entramos al oscuro mundo de Romo, del cual hablaré en otra ocasión. Ya habíamos acabado realmente con lo que queríamos visitar y con la comida yucateca mi paladar había quedado saciado. Asi que nos regresamos a San Marcos a tomar mas fotos y entrar al templo.

Se veía mucho mejor todo el lugar lleno, con las personas paseándose por las calles cercanas, pero ya no tenía espacio en la cámara para retratar eso.
Corriendo tuvimos que llegar a la central, ya que Pablo-san se desentendió al momento que le dije la hora de salida del camión y se tardó 40 minutos en escoger una miserable playera. Pero escogió su baratísima playera, llegamos a tiempo al camión. Ahí vimos unas cuantas películas malísimas y hablamos de tonterías, como por ejemplo una g?erita que había en el camión de ida que Pablo-san le había hechado el ojo y fue hasta este momento en le que se enteró que ella también había bajado en Aguascalientes. En Zacatecas se subieron algunos tipos europeos y Pablo-san se quedó en la central de Monterrey a verlos, sí a verlos, así es él.
Aguascalientes es, sin duda, un buen lugar para pasar un fin de semana y mejor lugar para comer que Monterrey.




